Miles de personas participaron del clamor en búsqueda del Espíritu Santo y renovaron la fe en las promesas de Dios durante la reunión conducida por el obispo Macedo, directamente desde el monte Sión

El gran clamor en el monte Sión marcó la mañana de este domingo 2 de agosto y reunió a miles de personas en todo el mundo, presencialmente y por medio de las transmisiones de Univer Vídeo y YouTube. El obispo Macedo estuvo acompañado por obispos de diversos países donde la Iglesia Universal está presente, condujo la reunión y finalizó la Hoguera Santa y el Ayuno de Daniel, invitando a todos a clamar por el bautismo en el Espíritu Santo.

Basándose en la Palabra de Dios, el obispo explicó que el llamado para tocar la trompeta en Sión representa una oración sincera, hecha con todo el corazón. 

“Tocad trompeta en Sión, promulgad ayuno, convocad asamblea…”. Joel 2:15

Dios no espera palabras lindas, sino unas palabras sinceras.

Cuando oramos, hablamos con Dios, y Él Se inclina para escuchar nuestra oración. 

La trompeta es nuestra boca, nuestra lengua y nuestra mente.

El Espíritu Santo es la mayor dádiva que una persona puede recibir, y Su presencia va mucho más allá de los dones o de las manifestaciones exteriores.

“Y el Señor dijo a Abram: Vete de tu tierra, de entre tus parientes y de la casa de tu padre, a la tierra que yo te mostraré. Haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición”. Génesis 12:1-2

Es decir, quien recibe al Espíritu Santo, así como Abraham, pasa a llevar la presencia de Dios y se convierte en un primogénito espiritual, viviendo bajo Sus promesas y siendo testimonio de Su poder.

Durante la reunión, el obispo destacó que el verdadero libramiento comienza en el interior de la persona y, a partir de esa transformación, alcanza todas las demás áreas.

Al concluir el mensaje, el Obispo Macedo afirmó que Dios siempre cumple Su Palabra con aquellos que creen. Quien recibe al Espíritu Santo pasa a reflejar el carácter, la justicia y la verdad de Cristo, convirtiéndose en un testigo vivo de Su presencia dondequiera que vaya.