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El monte Sinaí fue testigo de hechos impactantes que marcaron la historia de la humanidad. Pues fue precisamente ahí donde comenzó el plan de Dios para liberar a Su pueblo de la esclavitud egipcia. Y no solo eso, también fue el sitio en el que Él descendió con toda Su magnitud.

Investigadores han observado pruebas que indican que el pueblo de Israel se estableció en las cercanías del Sinaí tras salir de Egipto. Entre estas evidencias se encuentran petroglifos de escritura protohebrea que registran eventos como la batalla contra los amalecitas (contada en Éxodo 17:8-16), restos de un altar de piedras sin cortar para adorar a Dios (Éxodo 20:25), así como la peña que Moisés golpeó para obtener agua (Éxodo 17:6), entre otros. No obstante, la mayor huella que puede vislumbrarse desde la distancia es la que dejó el Todopoderoso cuando descendió en forma de fuego en la cumbre del monte:

«Todo el monte Sinaí humeaba, porque el Señor había descendido sobre él en fuego. El humo subía como el humo de un horno, y todo el monte se estremecía con violencia.» (Éxodo 19:18).

Esa es la razón por la que el monte Sinaí tiene un significado espiritual muy importante, pues fue donde Dios inició una nueva vida para Su pueblo elegido, para después llevarlo a la Tierra Prometida, al hogar que eligió para ellos.

Pero este acontecimiento no es exclusivo del pasado. El plan divino sigue vigente para aquellos que lo buscan. Por eso, en todas las Universal se vivió la mayor campaña de fe y transformación de vidas: la Hoguera Santa de la Indignación en el Monte Sinaí.

Durante este propósito, quienes participaron tuvieron la oportunidad de preparar sus peticiones y entregarle su vida al Altísimo a fin de recibir la grandeza del propio Dios en su interior (la Presencia Prometida) y, de ese modo, prepararse para vencer las adversidades que se presenten. O bien, para quienes ya contaban con ella, desafiaron su fe para buscar la respuesta a su mayor necesidad en algún aspecto de su vida.

Así pues, las peticiones de todo el mundo llegaron a Arabia Saudita, en donde se encuentra este lugar sagrado. El obispo Julio Freitas, representando a los países de Sudamérica, junto con el obispo Edir Macedo y otros obispos responsables de la Universal en otros continentes, clamaron en favor del cumplimiento de las promesas divinas.

Esta oración, realizada en dicho sitio santo, se transmitió en varios países, incluyendo Perú, para que quienes participaron en este propósito se unieran a la oración, determinando su respuesta.