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¿Usted quiere milagros o quiere ser una fuente de milagros? No importa el tiempo que usted se dice ser católico o evangélico. Olvide el tiempo que viene a la iglesia. Si usted quiere algo nuevo y mayor, no puede proyectar el pasado. Debemos saber qué es lo que el Señor quiere de nosotros ahora. ¿Qué es lo que Dios quiere que yo haga? Esa es la pregunta más importante.
“Cuando Acab vio a Elías, le dijo: ¿Eres tú el que turbas a Israel? Y él respondió: Yo no he turbado a Israel, sino tú y la casa de tu padre, dejando los mandamientos de Dios, y siguiendo a los baales”. (1 Reyes 18: 17-18). Hay muchos dioses en las diversas culturas, hay quienes adoran a personas y animales. Esos son los baales. Cuando Acab, rey de Israel en aquel entonces, preguntó a Elías si era él quien mandaba esa sequía a Israel, Elías solo atinó a decir que la culpa era de ellos, pues ciertamente, ellos habían abandonado el altar de Dios adorando a otros dioses. El ser humano es quien busca su propia desgracia. Y aun así, hay quienes culpan a Dios por todo lo malo de este mundo. Frases como: si existe Dios, ¿por qué hay tantas muertes? ¿Por qué hay enfermedades? Todo ello solo son preguntas frustradas de personas que no consiguen ver que sus actitudes y decisiones les han llevado a ese estado de vida.
¿Quién está dentro de usted? Si usted tiene a Dios, tiene la sabiduría que viene de su Espíritu. No vale la pena fingir. Si su vida es incompleta, es porque su altar está en ruinas. Lo que muestra quien se entregó a Dios es su propia vida. Pero hoy puede ser su oportunidad de cambiar esa situación. ¡DESPIERTE! Su alma está en juego.